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¡Buenas tardes a todos!

Hoy os traigo un post un poco caótico, espero que entendáis como me siento y lo que quiero transmitir con esta publicación.

Happiness is a journey, not a destination.

Ben Sweetland

Esta frase es la que reza mi fondo de pantalla, la encontré recientemente y ahora me doy cuenta de que es como un mantra; aquellas frases que nos repetimos y nos liberan de las presiones del día a día. Cada vez tengo más claro que hay días para todo, días para estar triste o alegre, relajado, nervioso, pensativo, distante… Pero cuando alguno de estos estados se convierte en algo permanente o recurrente, la experiencia me dice que hay algo que no va del todo bien. Evidentemente, hay muchos tipos de alegría y también muchas formas de tristeza, pero cuando alguno de estos estados es inamovible o extremo en nosotros, debemos estar atentos, en mi caso significa que se avecina tormenta y estoy perdiendo el equilibrio.

Si bien es cierto, que la estabilidad es también muy relativa porque hay momentos que nos trasladan a emociones muy fuertes (como el miedo cuando sucede algo inesperado), dichas emociones están hechas para durar tan solo unos instantes. Es decir, cuando me siento muy triste durante mucho tiempo, o muy contenta también en un largo periodo, mi mente me esta avisando que hay algo más allá que me preocupa. Este aprendizaje sobre mi misma ha sido un largo trabajo a lo largo de los años, basado en mi propia experiencia y que, evidentemente no puede ser igual en todas las personas, cada uno reacciona de forma diferente a los estímulos y estos le generan emociones distintas en cada momento.

Según mi perspectiva, es importante conocerse y conocer tu mente y sus reacciones a diferentes situaciones y en distintos momentos de la vida para poder avanzar y crecer. Seguramente nos daremos cuenta de que estas no serán eternamente iguales, sino que variarán según el momento y la situación en que nos encontremos. Pero esto nos dará una orientación para evitar repetir situaciones que nos hacen daño o bien para afrontarlas con mayor valentía.

En mi caso concreto, y volviendo a las emociones permanentes que indicaba más arriba de este post, cada vez me doy más cuenta de que los nervios me afectan de una manera tremenda y estos, si no los gestiono de manera adecuada, suelen dar paso a la ansiedad. Cuando me doy cuenta de todo esto, lo mejor que puedo hacer es pedir ayuda, nunca es tarde para ello, pero cuanto antes lo hago, menor es el daño. Pedir ayuda en momentos necesarios es importante para poder hacer frente a todo tipo de vivencias (me encantaría hacer algún post más adelante sobre esto, ¿que os parece?)

Os animo a revisar vuestras emociones, a sentir cada una de ellas y daros cuenta en que momentos las sentís, cuestionándonos el por qué de cada una de ellas. Es un buen ejercicio introspectivo y a mi me ayuda a conocerme mejor, a reflexionar. Creo que las pequeñas cosas pueden hacer de un día horrible: un día bonito (y a la inversa) y esas pequeñas cosas suelen convertirse en pasos de gigante para uno mismo si sabemos gestionarlas.

En conclusión, quiero incidir en que cada día es un nuevo día y no debemos desperdiciar ni un momento en conocer, el mundo que nos rodea y a nosotros en él.

Y vosotros, ¿tenéis días de todo o pasáis mucho tiempo en un mismo estado? ¿Os identificáis conmigo en esta reflexión? ¡Me encantaría leeros en los comentarios!

Gracias por pasaros por aquí,

¡Hasta pronto!

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